Una mano en el papel rasga las letras
con una pluma conectada al corazón,
recreando ocasos tornasoles que lo llevan
hacia el milagro inicial de su creación.
Por esa pluma se ha anidado luz eterna
de los mil rostros que a su vera llegan ya
y es con su tinta que se volverán tan ciertas
y tan hermosas como cual tarde estival.
Soles, marismas, bosques, hadas, corazones,
han discurrido entre sus letras a cantar
una belleza que se oculta a algunas lenguas
y a otros discursos que oscurecen su mirar.
Y la tristeza si se posa por su estela
se va hermoseando con su dulce inspiración
y vienen notas de esperanza sempiterna
y se reanima de su otoño su pasión.
Por primavera busca mares de ternura
cuando en verano con palabra hace el amor
se caen las hojas por la falta de dulzura
cuando la musa por invierno dice adiós.
Y es mediodía cuando abraza a los amigos
o que agradece a los lectores su visión
pero es nocturno porque sueña con la luna
cuando le cuenta los deseos para su amor.
Y es que su musa son las vidas que lo animan,
las emociones de la gente que al latir
viene a traerle vida nueva hasta su mesa...
y que le mueve la muñeca al escribir.
Y es no es magia del poeta propiamente
más que el estilo que le pone en redacción
toda la gloria de su pluma se la lleva
la buena gente, dueña eterna del pregón.
Por eso es gratis cada letra que se escribe
y que acaricia con su vista el lector
porque la tinta que ha nacido de la gente
para la gente es respuesta, es amor.


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