domingo 6 de noviembre de 2011

Tierra de Color



En el valle noble de la gente buena
que sustenta un río que nace a la vera
de la casa mía, sueño de leyenda,
vive aún el halo de su breve estela.

La casa de adobe, gatos y parcelas,
vacas allá al fondo, trinos y serena
va pasando el agua que moja sirenas
y estilos de magia de nuevos poetas.

Inundan de pasos las brechas de tierra
hombres con sombrero, mujeres que rezan
y unos niños sucios juegan y se alegran
entre montoncitos de paja y avena.

Va clareando al cielo y el arriero arenga
con el fuete en mano jóvenes ovejas...
chivas que los miran mientras comen hierba,
mirada perdida, testigo que sueña.

El perro delante ladra y corretea
a viejas gallinas que se contonean
con sus tres pollitos, alharaca y guerra,
que es como asomarse a una villa nueva.

Allá va mi tío, en su camioneta...
rumbo de aquel pueblo, Acuitzio lo espera
si quieren seguirme al fogón de leña
cortés les invito un ponche y galletas.

Más atrás descansa la casa desierta
que dejo hace poco mi abuelita buena...
ella era un ángel justo aquí en la tierra
y mi Dios dichoso quiso que se fuera.

Era su mirada dulce como tierna
y podía mirarte horas sin espera
siempre aconsejaba, siempre estaba atenta
pa' todos sus hijos siempre estaba cerca.

Aquí va su gato, baja su cabeza,
y su joven perro ahora ya no sueña
uno busca sombras de mi dulce abuela
otro mira al cielo, desde aquí le reza.

Si los he invitado a venir a verla
es pa' no llorarle sólo en esta hoguera
volteen para el cielo ¿ven aquella estrella?
que yo estoy seguro... que allá está mi abuela.

Tuve con mis primos una noche eterna
para recordarle y llorar por ella
y aun sin embargo la mañana nueva
viendo a mi padre quise que vinieran.

Mi padre no llora, tan solo comenta,
viendo pa' delante, perdida la huella,
sabe que su madre le mira y quisiera
que uno supiera como era ella.

Nos llevó a la escuela que por los 50's
fuera su refugio, sus primeras letras,
luego a la capilla donde siempre reza
ahora el ángel puro, que ayer viniera.

Volvimos al pueblo, se sentó a mi vera
ay mi viejo padre... ¿sabes que yo y Gera
siempre aquí estaremos para lo que quieras?
lo tomo del hombro y le miro de cerca.

Y hoy no tomo plumas ni quiero quimeras
sólo quiero honrarte, alma sempiterna,
y sé que allá al cielo la deidad eterna
debe de escucharme cuando oro por ella:

Señor y Dios mío:

Tienes un nuevo ángel del corazón del padre mío
que cuidará atento cada paso de sus hijos
tienes una alma buena que siempre amó, y lloran ríos
de la tierra de color, que es mi país, pueblo de siglos.

Cuida de mi abuelita.

En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo

Amén.

1 comentarios:

  1. bello es sentir y profesar el amor a nuestra tierra, y tú lo has plasmado maravillosamente.
    Ummmm hasta he sentido el delicioso aroma a tierra mojada.
    Un gusto leerte Educito.

    ResponderSuprimir