martes 17 de enero de 2012

La Princesa, la tristeza y el artesano.


Erase alguna vez, en un reino amigo,
por la era de las espadas y las adargas
una linda doncella que en su camino
lo iluminaba todo con su mirada.

Y aunque era toda luz y toda cariño
erase alguna vez que se le nublaba
esa luz tan hermosa que había en sus ojos
y que habíale ganado más de una plaza.

Eran esos periodos como martirios,
inviernos nebulosos que llevan frío,
desatando tristezas, rompiendo quicios
y tal ves sepultándonos sin decirnos.

Y aunque era más que bella quería el destino
que vanos caballeros la cortejaran;
y ella como era buena les daba abrigo
en su linda sonrisa para que entraran.

Pero luego al colarse entre sus sentidos
jurándole allí estarían para adorarla
volteaban a otra parte y partían ceñidos
de un trozo de aquella esencia tan delicada.

y pasaba algún tiempo en sus aposentos
sintiendo que todo el mundo le abandonaba
¿cómo es malo el amor si todos han dicho
que es de todo el mundo respuesta clara?

Rondaba por allí un artesano antiguo
que trabaja a orillas de su terraza
no hacia trabajos caros cual sus amigos
sólo reflejos blancos de esencia clara.

Y enterose aquel pobrísimo caballero
que en el real castillo de la montaña
lloraba la princesa por su destino
que parecía ensañarse con sus andanzas.

Tomó el reflejo nítido y cristalino
de un corazón de vidrio de su banquito
y marchó presuroso por los caminos
que dirigía a la puerta del castillito.

Y suplicó a los guardias que le dejaran
obsequiar su trabajo a la princesita
le dejaron audiencia ante la corona
aunque no le veían ninguna sustancia.

Bajando las escaleras tan serpenteantes
sobre el mármol albísimo la muchacha
buscaba con sus ojos ahora distantes
a aquel que molestabale entre su desgracia.

Y miro frente al trono un corazón lindo
hecho de un cristal que tenía mil brillos
luego paso su vista hacia el artesano
que le contó esta historia como a un niño.

Este adorno que mira, dulce princesa,
es pieza de un hechicero de mi familia
lo hizo con sus manos en una era
donde estaba agobiado por mala estrella.

Deposito en su fondo la magia blanca
para que un corazón esté bendecido
se dice que dos personas deben tenerla
para poder por siglos ser siempre amigos.

Yo tomaré mitad y otra en su castillo
le dejaré por siempre señora mía
y cuando una pena toque su mundo
siempre me enteraré y vendré a verla.

Podrá estar segura siempre de que su amigo
seré aunque corriendo pasen mil tempestades
y es que la sombra opaca solo un ladito
y el otro ha de brindarle sus facultades.

Y desde aquel momento la princesita
tuvo quien le escuchara, no estaba sola,
el viejo artesano siempre la oía
le pasaba un pañuelo o la defendía.

Y aunque las tristezas nunca terminan
cuando uno camina por esta vida...
hubo una buena magia en el aquel castillo
porque pues toda lágrima hay que secarla.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada